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Caminando Por La Acera: Futuros, Pasados Y Construcciones Actuales Entre Generaciones

By Nelson E. Vera Santiago.

December 5, 2010

-¿Más Muñoz Marín pa’ que goces?

En el día de hoy comenzaré a aburrirlos. No puedo evitarlo, puede ser genético o sicológico, a ustedes le tocará proclamar el veredicto. Lo primero es que no pensé que terminaría en este foro. Yo leía (o mejor dicho, leo) laacera.com a diario mas no me veía compartiendo mis circunloquios en dicho espacio. Por tal razón, me lanzo a ciegas.

***

Por casualidades o causalidades (distinción importante pero estúpida) he tenido en las últimas semanas que divagar entre varios estudios sobre la política muñocista que tanto marcó nuestra cultura, literatura y discursiva puertorriqueña. Confieso que el tema me tiene hasta la coronilla mas no dejo a un lado el elemento crucial que se desprende de la sorprendente capacidad con que muchos estudiosos siguen escarbando hasta los huesos de “El Vate”. Cada día, otra persona se pregunta nuevamente si lo que dijo Muñoz Marín fue lo que dijo, si lo que pensó fue lo que pensó y, como diría Zizek, “and so on, and so on”.

Par de semanas atrás tuve que recorrer nuevamente el excelente trabajo historiográfico, sociológico y crítico sobre el DIVEDCO esbozado por Catherine Marsh en su libro Negociaciones Culturales: Los intelectuales y el proyecto pedagógico del estado muñocista. Marsh apunta a un análisis del adoctrinamiento y proyecto cultural que involucró a pensadores como René Marqués, Jack Delano y Pedro Juan Soto. El DivEdCo fungió como un brazo cultural, una especie de construcción material y jurídica que buscaba implementar otras construcciones que eran abstractas y políticas. Muñoz hijo, debía tener en mente, no la elaboración de un país fuera del sentido político y económico, sino el desarrollo de una densa propuesta de lo que según él, era folklore, pensamiento político, social y hasta las expectativas del pueblo.

Negociaciones Culturales abarca mucho más que estas nociones, pero en el sentido metafórico, son las bases principales para analizar someramente lo que la profesora plantea como un proyecto de país, esa llamada negociación cultural entre entidad gubernamental, el pueblo y la historia como sujeto participativo. (Vale hacer un excurso y mencionar que en la última comunicación que realicé con Marsh Kennerly, no sé si lo debería decir así, pero, fue como mofarnos de la inhabilidad del gobierno de turno de, por lo menos, entender lo que son las negociaciones culturales.) Para poder comprender toda esta apuesta cultural no se pude apartar la tentación de recurrir al más allá histórico, o sea, a la época previa a Muñoz Marín. Volver entonces a los inicios de la invasión estadounidense, el tri-lema político de Puerto Rico (Espana, EE.UU. o Yo), la filigrana de la composición social puertorriqueña en el siglo XIX: Regresar a Muñoz Rivera.

Escarbando (cucaracheando como dicen otros) en mis antiguos ensayos, me topé con un escrito un poco desmitificador que elaboré para el Lcdo. Rubén Berríos Martínez que se titulaba “Las relaciones constitucionales entre P.R. y EE.UU desde la perspectiva del discurso estadolibrista contemporáneo y la mitificación de la gestión de Muñoz Rivera”. En él planteaba como lo líderes del estadolibrismo de esta década advertida o inadvertidamente proponían un regreso a Muñoz Rivera desde la perspectiva del mythos. Basándome principalmente en un discurso pronunciado por el Lcdo. Rafael Cox Alomar el 21 de julio de 2008 titulado “Luis Muñoz Rivera: El héroe moral de Barranquitas” esgrimí que el intento de Cox fue revelar un programa político desde el discurso del Muñoz padre, que, por más mítico y determinado que sonase, no podía ser acunado en las bases del P.P.D. por dos razones principales, y cito:

1. Que la propuesta realizada por el P.P.D. no está contemplada ni en la Ley 600, ni en la Ley de Relaciones Federales y tampoco en la jurisprudencia que ha interpretado la relación constitucional entre Puerto Rico y Estados Unidos.

2. Que la propuesta realizada por el P.P.D. es anacrónica, ya que las concesiones hechas en la Carta Autonómica de Puerto Rico, conseguidas por Luis Muñoz Rivera, no pueden atemperarse a los modernos procesos de autogestión política.

Cox se me tiene que haber ^&*% en la madre que me parió, puede que sí, puede que no. No obstante, y considerando no alejarme del tema que nos convoca, regresar a Muñoz Rivera–aún cuando fuese un acto bonito durante la celebración de su natalicio y estando frente a su tumba– no es una solución discursiva correcta. ¿Para qué volver a ese tiempo? ¿Para qué revivir la lucha por libertades y autonomías con España? ¿Si no es para recordar y mitificar a Muñoz Rivera: entonces para qué nos sirve eso? No quería ser cínico, pero además de las propuestas de mi ensayo, opté por recordarle a Cox que el resultado de las elecciones de ese mismo 2008, en específico cuatro meses luego de su pronunciamiento, fue la masiva derrota histórica al P.P.D.

Cuando urgí entre las páginas para escribir aquel trabajo recaí mucho en la poesía de Muñoz padre, en sus cartas, documentos y alguno que otro corte de periodismo. Lo demás fue abordado con los libros de historia de cabecera (Bothwell Reece, Cruz Monclova, Mari Bras, Fernando Picó, Burgos Malavé y Scarano). Al final había logrado convencerme, y por lo tanto buscaba persuadir al lector, que la lucha política de Muñoz padre no iba a ser, ni sería la misma que la de Muñoz hijo. Los fines, los métodos, las tecnologías y, más aun, el ente negociador (España, luego EE.UU.) habían cambiado. Muñoz Marín no podía ser equiparado y por lo tanto, que el P.P.D. acunara el discurso de Muñoz Rivera, era recurrir a un mythos para explicar los orígenes sagrados del partido mas no una propuesta viable plataforma de lucha. Sesgo la discusión y advierto que debe ser retomada en el futuro, hoy mi padre pone en mis manos La pluma como arma: La construcción de la identidad nacional de Luis Muñoz Rivera, de José A. Calderón Rivera. Ya no puedo hablar más de las dicotomías del progenitor de “El Vate”, tengo que ver qué escriben y estudian de él aun en un tiempo distante como el “ahora”.

Lo importante de mi incursión en la mentalidad de Muñoz Rivera fue el observar cómo se desarrolló Muñoz Marín. Padre e hijo, vivieron en un tiempo de metamorfosis social y política, y por lo tanto no se me puede acusar de analizar figuras disímiles. Todos adoptamos alguna manía de nuestros padres, unas nimias y otras abstractas y densas. Este objetivo sólo podrá ser alcanzado mediante el estudio de textos muñocistas. Sin embargo, voy más allá, y apuesto a que se estudie, incluso, los libros de aquellos allegados, su poesía y sus manuscritos.

Nuestra generación necesita saber el todo, no la figura. Pero, esto podría ser planteado también como pregunta: ¿Nuestra generación necesita saber el todo, no la figura? Esta semana estoy tratando de meterle mano a Luis Muñoz Marín y la palabra trashumante: Biculturidad, identidad y poesía 1919-1924, de Giannina Delgado Caro. Otra lectura de Muñoz Marín que busca adentrarse al pensamiento cultural del primer gobernador electo de Puerto Rico. En la lectura me topé con un detalle curioso, pero conocido: Delgado indica en la página 23, escolio 24, que las Memorias de Luis Muñoz Marín fueron corregidas por Inés Mendoza, Victoria Muñoz, Gustavo Agrait, Antonio Colorado y Jaime Benítez. O sea, el valor autobiográfico fue revisado y según Delgado, auscultado de forma “celosa”. Admite la autora que cuando se compara el producto original con la publicación sorprende la cantidad de capítulos eliminados, inexactitudes en las memorias y recuerdos, y sobre todo, omisiones interesantes. La ironía se viste de gala cuando Delgado cita a Benítez cuando en el prólogo indica: “Hemos trabajado con absoluta lealtad a los textos y a la expresión de Luis Muñoz Marín”.

Al final del día, la sensación vuelve, uno lee las memorias como un manifiesto político para el futuro– obliga a uno a seguir leyendo a Muñoz Marín, a seguir buscando cuál fue su pensamiento, a tener más hambre de mythos. No sé hasta dónde llegaremos en este son que ya empieza a cambiar a ritmo de bolero. Nuestra generación, la de pocos que vieron a Muñoz Marín, o si acaso, que nunca lo vieron o supieron de él. Una generación a veces ajena al homo politicus. ¿Escribirán sobre Muñoz Marín, realizarán tesis sobre él, su poesía, su pensamiento? ¿Cuánto más se publicará de la leyenda? ¿Cuánto más mythos? ¿Vendrán tesis de Acevedo Vilá? ¿De Rivera Schatz? ¿Hasta dónde la inquietud nos llevará a recuperar pasados? ¿Cuándo nos sentaremos a hacer una nueva negociación cultura? ¿Vale la pena? A lo mejor sí, a lo mejor no: Cada cual busca y lee lo que de la gana.

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