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Quinoa Fields Forever

By Luis Ponce Ruiz.

November 16, 2010

Traficante de sueños

Viajo por las venas (reventadas de cocaína) de América Latina, a una república independiente muriéndose de hambre, abatida por el cólera y el subdesarrollo crónico… Bueno, ya no tanto, para decirte la verdad me vino bien una semana lejos de Puerto Rico, en la tierra de mi papá, al origen de mi otra mitad. Fui al sur por la boda de Ulises, amigo de las noches bravas de D.C., donde nos conocimos gracias a Maruja, la mujer de hierro. Es curioso como encuentro a otros peruanos a donde quiera que viajo. La última vez fue en Shanghai, en el bar más alto del mundo. De alguna manera siempre terminamos hablando de los viejos de uno. Las madres, claro, están metidas en una gruta como las vírgenes que son, a ellas sólo se les va con las lágrimas en los ojos, con la dolencia del amor, con el fuego incesante de un estómago vacío. Si nuestras viejas son santas, nuestros viejos son los curas que le pusieron carne a la teología de la liberación, los tigres, los jefes.Alguna vez fueron los profetas incomprendidos de su tiempo (o mientras duró el cortejo a nuestras futuras y castas madres), que encontraron el secreto para no sólo arar en el mar, sino sembrarlo de cosas increíbles, para nada como le pasó el huevón de Bolívar. Y nuestras familias son esa imponente plataforma petrolera que se alza por sobre las inclemencias y que, claramente, germinó de entre las piedras (y el agua). Un Inca, pues, con una misión de hacer lo imposible. Y si se cae, pucha, nuestro viejo se levanta con más furia. Queda claramente proscrito la impensable mención de que alguna vez seremos como nuestros padres. ¡Nunca! y canchita. ¡Salud! y cerveza.

Bodegón limeño habitado por arequipeños a cualquier deshora del día

El país está progresando, le digo a mi viejo desde Lima, ¿cuándo nos venimos al Perú? Lo escucho feliz, muy animado, sabe que lo lograremos. Mientras Puerto Rico se hunde, el continente parece que se está levantando y cómo. Le cuento a Ulises de mi viejo. Claro, tigre, vente al Perú, Luchito, la vamos a hacer buena, de eso no te preocupes. Yo no me preocupo. Ceviche de lenguado y pulpo en Chez Wong, chifa en La Victoria, lomo saltado, tacu-tacu, parihuela, papa amarilla y sus anticuchos, seco, tiradito, dame de todo porque para el futuro, sea incierto o no, hay que estar bien alimentado.

Miraflores, cerca de la Huaca Pucllana: llegué hasta esos alrededores a pie para verme con Ulises y su familia un día antes de la boda. Hola, hola, ¿qué tal? Don Arturo, qué bueno es verlo nuevamente. Doña Luz, siempre con tan buen gusto. Valga la redundancia y que gustazo abrazarla. Patricia, Andrea, siempre un placer poder saludarlas, ¿y su hermano? Ulises en la ducha. Se nos hace tarde para la cena. Hora peruana: hora estándar latinoamericana.

Barranco Times

Barranco de tardecita. Nunca había estado tan temprano por estas calles. Las casonas, el aire, los árboles. Otra cosa. No era un sábado cualquiera: Ulises se casa. Hola, Andrea, ¿un pisco sour? Fotos. Ceremonia. Juramentos. Fotos. Discursos. Me pasan el micrófono. Recuerden que lo bueno ya ustedes lo tienen, lo que necesitan es visión para que se ponga mejor. Un abrazo. Vals de los novios. Palabras de Ulises. Gracias, de verdad, recordaré este día en el lecho de mi muerte.

Comida. Postre. Confusión por la atómica mezcla de pisco y vino. Llega la noche y música criolla. Los más viejos les enseñan los pasos a los chicos y a los gringos que vinieron por parte de la novia. En el baile los latinoamericanos somos imperialistas o algo así dijo Vargas Llosa.

Es raro ver estrellas en el cielo limeño, pero de verdad que esta noche no me importaba verlas. ¿Cómo la estás pasando, Andreíta? ¿No te animas a bailar?

Cumbia (y otras cosas más que se pueden encontrar en la selva limeña, aunque estés de pasadita)

Compás 2/4, timbal, guitarra, bajo, sintetizador y yo. Ritmo lleno de mar pero también de río. Pero más que nada selva, amazonía. Nada de frío. La música me hace sudar aunque no quiera, aunque tenga mi traje planchadito, recién salido del dry-cleaner. No me detengo. ¿A estas alturas de la noche –y del baile– detenerme? Ella, sin decírmelo, me dice que no. No te pares. Sigue no más. Sus pies me hablan, sus saltitos, el sudor que se le condensa uniformemente en una húmeda lámina sobre su pecho.

Alrededor se sigue bailando. No hay excusa de horas, tragos ni distancias. Al baile lo que es del baile y a mí a seguir esforzándome con todo y el nudo de la corbata puesto (que por alguna razón irracional reúso sacarme). Ya el saco está enredado sobre los arbustos cercanos a la pista de baile, las mangas enrolladas y mi pañuelo empapado de sudor refrescándose en el espaldar de una silla. Aquí el calor es fúrico aunque la noche de repente te dedique una brisa.

Y yo te dedico las estrellas que no quiero ver y el Mar Caribe. No, pero no te estoy diciendo tonterías, Andreíta. Si bailas tan lindo. Ahí, ¿ves?…ese brinquito. Wilindoro y su ay, ay, ay. Que se ha muerto mi abuelo. Que sudo. Que bailo. Que también canto. Otro pisco sour, ¿cuántos van? Que me enamoro. Ay, ay, ay.

Te prometo playas de aguas cálidas, sol y palmeras. Un autógrafo de Willie Colón, claro. Grupo Cinco, Andreíta. Cómo me toca esa canción. Te vas, te vas, te vas. Y todo se acaba. Regresas a tu tierra y yo a la mía. ¿No te atreves a cerrar los ojos? ¿Ni por un instante? Ahí, ¿ves?…ese brinquito. Pues para que vueles conmigo, dale, ciérralos. Porque yo vuelvo, claro que vuelvo. Pero mientras, ya me veré escribiéndote a la distancia, preguntándole a tu hermano de cómo andas. Te irás a la playa de Mollendo a olvidarte de mí tan pronto llegues a Arequipa. Y yo, ya verás, te escribiré y acaso seguiré pensando en tus brinquitos, en tu país (que es también mío) y en que las cosas a veces llegan sin ningún tipo de razón.

Facebook o un ensayo para acortar las distancias

Andrea:

Lo que me escribiste me olió a cuento, a historia. La naturalidad que le inyectaste te permite dirigir al lector entre el tumulto que describes en la combi de camino a tu trabajo. Y al final de todo eso, de los apretujones, del espacio reducido, ¿pensaste en mí?

Disculpa la demora en responder a tu mensaje anterior, he estado lleno de compromisos y actividades desde la última vez que chateamos. Ya sabes como es trabajar y estudiar a la vez pero . . . jum . . . aquí estoy, lanzándote unas líneas de S.O.S. al Perú, a tu Arequipa, a los detalles que me mandas, esas pequeñas notas del sur que llegan a mi buzón.

Esto es una cartita corta, desafortunadamente tengo que irme. Espero recibir nuevas noticias tuyas. ¿Qué tal la defensa de tu tesis? ¿Cómo siguen tus papis? ¿Cómo se sigue batiendo el mar mollendino sin su sirena arequipeña?

Un beso,

L.

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