Las Ruinas De San Juan
By Bea.
June 19, 2010
I.
Antes de las 12:00 del medio día tengo que recoger mis verduras. Las recojo todos los sábados en la McLeary en Punta Las Marías. Desde que leí sobre el CSA Siembra Tres Vidas me apunté y ahora disfruto el privilegio de comer hortalizas orgánicas de Aibonito. De la gasolinera al lado de Ché’s sigo la McLeary hacia el Condado, pues es la forma más bonita de llegar a Santurce.

Hace tiempo que me impresionan la cantidad de casas a la venta que veo. Entre Punta las Marías y la playa de Ocean Park hay por lo menos 3 (creo que más). Ya en la esquina de la calle que da a la playa veo otra. Hay otra más justo al lado y, antes de llegar a las canchas de fútbol, he visto al menos tres más. Sigo la McLeary y sigo viendo casas en ventas. Hay una que la vengo viendo desde que regresé de Michigan en el 2006. La venden en $750,000 y está dividida en unidades, excelente oportunidad de inversión. He visto el letrero tantas veces que ya me lo sé de memoria. Y hace un tiempo se vende la de al lado también.
Sigo hacia la Ashford y antes de llegar a la San Jorge debo ver al menos cinco letreros de "Se Vende" más. Me canso de contar y me siento un poco morbosa por este nuevo “hobbie” mío, contar letreros de “Se Vende”.
Pero, no lo puedo evitar, cada vez hay más, parece como si tuvieran prole.
II.
Estaciono el carro en Doña Fela para ir al Marshall’s del Viejo San Juan. Ni me molesto en buscar parking pues es viernes y son las 5. Busco zapatos para mi hija, buenos, bonitos y baratos. También es una excusa para caminar por mi ciudad favorita. Fantaseo con pegarme en la loto y comprarme aunque sea un apartamento.
Como ése que se vende en la San Justo, pensé al pasar por no uno, sino dos edificios que se vendían. O, no, mejor ese otro, y así estuve cambiando de opinión en lo que doblaba por la Fortaleza y seguía subiendo. Los negocios estaban cerrados ya. Pocos quedaban todavía en la espera de clientes. Para ser viernes por la tarde y con barco en puerto (lo sabía por la abundancia de extranjeros desorientados) estaba bastante tranquila la calle. Algo tenía de desolada y todo. En otros tiempos recuerdo un viernes similar y una Fortaleza llena de carros y gente…
III.
Siempre que conduzco en la Ponce de León de la 18 a Miramar hago el ejercicio mental de recordar cómo ha ido cambiando ese trecho. Todavía hablo malo cuando paso por el estacionamiento multipisos de la AEE y recuerdo el edificio de Fuentes Fluviales, Art Deco gracias, que tumbaron para construir ese monstruo de cristal. Y sigo hablando malo por media milla más porque casi al frente está el RG, que demolió una farmacia que se encontraba en un edificio del siglo XIX para hacer un parking tecato de gravilla. Coraje que me da cada vez que paso por allí.
Ya Rahola no está, hay demasiados edificios vacíos o descuidados. La YWCA ya no está en operaciones. Sólo el nuevo edificio del Conservatorio, en el antiguo orfanatorio de niñas le da algo de futuro al área. Aún con éste, la Avenida tiene alguito de desolación.

IV.
Trabajar en Dorado es como hacerlo en otro país. Allí las calles están limpias, la gente sonríe, la grama es verde y no hay hoyos en la carretera. Es demasiado extraño para mí, habitante de Santa Rita, y siempre tardo mis diez minutos en acostumbrarme y no pensar en ello. En esta ocasión no voy al trabajo, sino a la casa de una compañera de trabajo. Me cae lo suficientemente bien como para hacer el viaje en fin de semana. No que sea largo, pero esa sensación de estar en el extranjero…
Siempre me pierdo de camino a su casa. No en la carretera, ahí no, me pierdo en la urbanización. Es una de esas urbanizaciones cerradas, desarrolladas en Dorado después de los 90, para la gente que quería vivir más cerca del campo de golf y la playa. Todas las casas se parecen, todas las calles se parecen; así pues, me resigno a que parte de visitar es perderme un poco.
Excepto que, desde hace un tiempo, me puedo orientar por los letreros de “Se Vende”. Los empecé a ver allí desde hace un año y cada vez que regreso, como una vez al mes, encuentro más. No desaparecen, se multiplican.
Entonces, esta vez ya no me pierdo.
Foto de la introducción por Rafael Franco-Steeves
Related posts:
Recent Comments