Que Vivan Los Estudiantes.
By Bea.
April 27, 2010
“Me gustan los estudiantes
que marchan sobre la ruina.
Con las banderas en alto
va toda la estudiantina:”
Violeta Parra (1960-63)

No he querido involucrarme en el debate de la huelga de la UPR en La Acera. Sin embargo, ya van cinco columnas de Jean le non French en contra (aunque en una reconocía la labor cívica de los huelguistas dentro de la UPR) y sólo una a favor, por Wreck, y una medio neutral, por Odiot.
No me he querido involucrar por varias razones, una es falta de tiempo pues a veces ni puedo con la columna cultural de los sábados. Otra es que no considero estar al tanto de todos los detalles como para opinar con toda propiedad. A mí me gusta opinar después de saber lo necesario de un tema, sobre todo si es en un foro público y escrito.
También, quería ver quién opinaba y qué. Creo firmemente en la necesidad de escuchar todos los lados y en el debate respetuoso y tolerante. Pero, dadas las circunstancias que La Acera aparenta en este momento estar inclinada más hacia un lado que hacia el otro, me ha tocado el turno de opinar, como transeúnte de La Acera que soy.
He leído las columnas de mis compañeros, al igual que los comentarios que han dejado los lectores (gracias, por cierto, que para eso es que escribimos). Me desespera cuando observo en la computadora precisamente lo que quisiera que dejara de pasar.
No hay diálogo. Hay debate, sí, competencia de ver quién gana, pero no hay diálogo porque ninguna de las partes quiere ceder.
Sí, es cierto que los huelguistas numéricamente son una minoría de los estudiantes activos del recinto riopedrense. Lo son, no hay forma de tapar el cielo con la mano. Esto, sin embargo, no se debe a que los otros se opongan, necesariamente. Sí, debe haber un grupo que se opone. Pero opónganse o no, favorezcan la huelga o no, el punto es que 5/6 partes del estudiantado (17,000 de 20,000) han decidido no participar.
Y sí es cierto que los reclamos y las denuncias de los huelguistas son válidos, en tanto y en cuanto están denunciando un proceso de privatización que no va a garantizar un acceso equitativo a la educación, ni que tampoco garantizará un mejor funcionamiento del sistema.(Telefónica, anyone?)
El problema es que este proceso no empezó ayer. Ni empezó hace un año. Es un proceso que ya estaba amenazando a la UPR a mitad de la década del 1990. Es un proceso que no se ha ocultado y que se ha dado frente a las narices de muchos de los que apoyan la huelga de los estudiantes, pero no han hecho mucho, o nada, para ayudar a mantener la universidad del estado accesible a la mayoría de los ciudadanos.
Los estudiantes son carne de cañón. Los estudiantes no van a estar en la universidad más de lo que sus estudios requieran. Son los estudiantes los que más tienen que perder en esta situación y en lo que se avecina para la UPR.
No estoy de acuerdo con la huelga. Sí soy solidaria con los estudiantes.
¿Cómo justifico esta posición contradictoria? Entiendo perfectamente que los estudiantes que están manifestándose en contra de las políticas administrativas de la UPR lo hacen con la buena fe de mejorar las condiciones estudiantiles de la universidad tanto para ellos como para estudiantes venideros.
Una huelga, sin embargo, no va a crear cambio. Las huelgas son eventos dentro de un proceso organizativo. Son el resultado de un tranque en una negociación que, usualmente, lleva ya un tiempo y deben de, al finalizar, mantener un proceso de continua negociación y organización de los que protestan. Este no es el proceso que se ha dado ahora.
La huelga no va a funcionar porque las decisiones están tomadas ya. La huelga no va a funcionar porque lo que logre lo hará en un momento de crisis y aliviará, si es que lo hace, unos síntomas de un mal mucho mayor que aquellas medidas que la propulsaron.
El porciento de estudiantes que se gradúan del recinto de Río Piedras es el 49% de los que se matriculan. Eso es una vergüenza. El recinto con la proporción mayor de graduados en relación con su matrícula es Humacao con 52%. Una tasa tan baja de graduación indica que la institución está fallándole a sus estudiantes. El promedio de años para lograr un bachillerato es de 5 años y medio. Cuando entré a la UPR en el 1989 era de 4 años y medio.
La UPR es caótica. La UPR no vela por los intereses de sus estudiantes, la burocracia administrativa de la UPR es kafkiana, sobre todo la del Recinto de Río Piedras. La UPR no motiva la retención de profesores por contrato ni tampoco la graduación de más de la mitad de sus estudiantes. La UPR le falla a sus estudiantes de una manera crasa. Ante esto, el debate de qué hacen los estudiantes con su beca pell me parece insignificante.
El gran problema de la UPR es que se perdió, hace mucho tiempo ya, la idea de comunidad de aprendizaje y de inversión emocional y cultural en ella. Los que trabajan en ella velan, en la mayoría de los casos, por su parcela. Entorpecen y obstaculizan a aquellos (profesores, empleados, estudiantes) que tratan de mejorar los departamentos, las oficinas. A los que tratan de hacer algo los atacan, porque son una amenaza para las parcelas individuales, para la meta de los 30 años que hay que cumplir para la jubilación, que es lo único que le importa a muchos.
Los 17,000 estudiantes que no se oyen se criaron con la idea de que a la universidad se va a conseguir un papelito y de ahí a seguir al mundo del trabajo. No se identifican con la universidad y ésta, como institución, no hace nada por que se identifiquen tampoco. Lo que quieren es graduarse y ya.
La gente que está afuera de la universidad, que no está al tanto de sus problemas, la tratan y la consideran como consideran todos los servicios sociales en la isla: con distanciamiento. No quieren saber, no quieren bregar y no se quieren enterar. Los que pueden mandan a sus hijos a universidades en Estados Unidos o al extranjero. Pero se olvidan que la mayoría de la gente con la que van a lidiar día a día, y que los que van a educar a sus hijos de kínder a superior, se educan aquí. Se pierde de perspectiva que a la larga o a la corta la decadencia de la UPR los afectará.
El problema de la UPR es un reflejo de la falta de proyecto que hay en Puerto Rico, de la falta de sentido de comunidad, del mal de halar cada cual por su lado. Ese halar por su lado se da de forma crónica en la UPR.
Todos tenemos anécdotas de profesores que no hacen su trabajo, de empleados que abusan de los beneficios de la unión. Todos. Pero de eso no se habla. La corrupción que existe en la UPR, porque la UPR es corrupta, se desborda desde sus altas esferas y se cuela por sus poros hasta las oficinas y los oficiales más pequeños. Se habla de la administración como este ente abstracto y foráneo y se olvida que, fuera de la junta de síndicos, la administración está compuesta de los profesores y los administradores que llevan años allí. Ninguno de los problemas que enfrentan los huelguistas son nuevos.
Los profesores deberían, hace mucho ya, organizarse efectivamente (cuántos realmente se involucran con la APU) y trabajar para evitar la comercialización de la educación superior del estado. Los trabajadores no docentes y la Unión deberían trabajar por mejorar las condiciones de trabajo de los empleados y también por mejorar su eficiencia y ayudar a que la UPR funcione mejor. ¿Por qué los profesores y los empleados? Porque son los que están allí permanentemente y los que dirigen el día a día de la universidad.
Hay cosas mucho más graves pasando en la UPR que la eliminación de exenciones o que un alza en la matrícula de verano. La UPR está en peligro y el recinto de Río Piedras es una ruina. Sí, hay cosas maravillosas pasando allí, pero pasan aisladas, pasan escondidas y pasan desapercibidas.
Por eso es que no estoy de acuerdo con la huelga, porque no me parece efectiva. Me parece un esfuerzo lleno de idealismo y de buena fe, pero un evento, no un movimiento. Para lograr un cambio significativo y verdadero se necesita compromiso a largo plazo, no tan sólo de los estudiantes, sino de TODA la comunidad de la UPR. Hay que organizar, hay que educar, hay que involucrar a esos 17.000 estudiantes que no lo están, que piensan que a la universidad se va a recibir un certificado que les ayude a entrar en el mundo del trabajo.
Hay que combatir la corrupción institucional organizando a profesores y trabajadores. Estos tienen que velar que sus compañeros hagan su trabajo, para que salgan de la apatía y se entiendan como parte de una comunidad de aprendizaje. Este trabajo organizativo y educativo es una tarea de años.
Yo admiro a los estudiantes, les admiro las ganas de lograr cambio y les admiro su esfuerzo. Pero me entristece ver que sus acciones no derivarán en mucho, o tal vez en nada.
Tal vez me equivoque. Tal vez este evento propulse un movimiento, tal vez se organicen los diferentes sectores de la UPR y logren transformar el sistema.
O tal vez, lo más seguro, de aquí a un año todo sea parte de las anécdotas de un grupo reducido de estudiantes.
Foto de Gerash, East Jordan. Ruinas del templo en Gerash. Brooklyn Museum Archives, Goodyear Archival Collection (S03_06_01_023 image 3045).
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